En otra brillante operación el Cuerpo Nacional de Policía ha desarticulado una presunta banda de malhechores, algunos bajo el nombre de “anticuarios”, por utilizar un eufemismo, que falsificaban cuadros. Uno de ellos, ni más ni menos que un Picasso. Trataban de vender a otros anticuarios –suponemos que éstos de verdad-, galeristas, museos, etc. En definitiva, todo a lo grande.

La Policía ha incautado más de sesenta pinturas falsas, así como treinta lingotes de oro y otras piezas artísticas.
El grupo vendía, al parecer, las obras como verdaderas tras conseguir certificados falsos –menos mal que falsos, porque de todo hay en la viña del Señor- firmados por expertos.

Esta Federación Española de Anticuarios desea aclarar una vez más que cuenta entre sus fines principales el hecho de prestigiar la Profesión de anticuario y esto incluye el repudio de los indeseables.

En todo caso, sobre el referido “famoso anticuario” (sic.), no hay constancia de que haya pertenecido a ninguna asociación de anticuarios y no parece que haya sido famoso, precisamente, por ser anticuario.

Es muy fácil. Los supuestamente estafadores parece que se alejan todo lo posible de los controles internos como puede ser su Asociación, esta Federación o, a nivel internacional, la propia CINOA, a la que pertenecemos. Hubieran sido expulsados hace mucho tiempo de verificarse algún extremo. Esto no quiere decir que todos los que no estén dentro del movimiento asociativo tenga esa condición, ni mucho menos, especialmente ahora con la crisis. Tampoco quiere decir que no pueda existir algún “colado” dentro de nuestro grupo tal y como sucede hasta en las mejores familias.

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